Conferencia Silenciosa
La riqueza que no está bajo la tierra. La verdadera riqueza de una nación vive en el conocimiento de su gente. La riqueza que no está bajo la tierra. La verdadera riqueza de una nación vive en el conocimiento de su gente.

Venezuela vuelve a hablar de petróleo.

Por Gerardo Guerra Rincón
"El petróleo puede permanecer millones de años bajo la tierra; el conocimiento que una nación tarda décadas en construir puede perderse en una sola generación."

Después de años en los que las noticias sobre nuestra principal industria estuvieron asociadas a sanciones, deterioro, caída de la producción y dificultades operacionales, en 2026 comenzaron a aparecer nuevamente palabras que durante mucho tiempo parecieron lejanas: inversión, perforación, recuperación de pozos, nuevos contratos, incorporación de empresas internacionales y crecimiento de la producción.

La reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos abrió mayores espacios para la participación privada y otorgó nuevas posibilidades operativas a empresas extranjeras. Chevron, Eni, GeoPark y otras compañías han anunciado o negociado inversiones importantes, mientras empresas de servicios como SLB, Baker Hughes, Weatherford y Halliburton vuelven a contratar personal y movilizar equipos hacia Venezuela.

La producción venezolana se encuentra nuevamente alrededor de 1,2 millones de barriles diarios y, aunque todavía está muy lejos de los niveles cercanos a los 3 millones de barriles diarios que el país alcanzó décadas atrás, resulta evidente que algo comienza a moverse nuevamente en la industria. En septiembre, las exportaciones alcanzaron aproximadamente 1,08 millones de barriles diarios, con Estados Unidos convertido otra vez en uno de los principales destinos del crudo venezolano.

Son noticias importantes para un país que necesita desesperadamente recuperar capacidad productiva, generar ingresos, atraer inversión y reconstruir una infraestructura que sufrió años de deterioro. Pero mientras observo esas cifras, hay una pregunta que considero todavía más importante:

¿Es suficiente con recuperar los pozos?

Porque una industria petrolera no está formada únicamente por yacimientos, taladros, tuberías, mejoradores, refinerías o terminales de embarque; también está formada por conocimiento, y ese conocimiento vive en las personas.

Durante décadas, Venezuela construyó algo mucho más difícil de encontrar que el petróleo que permanece bajo nuestra tierra. Construyó generaciones de ingenieros, geólogos, operadores, técnicos, planificadores, especialistas en mantenimiento, seguridad, refinación, proyectos, finanzas, procura y muchas otras disciplinas que aprendieron a operar una de las industrias petroleras más complejas del mundo. Y es bueno acotar que ese conocimiento no apareció espontáneamente: fue el resultado de décadas de formación, transferencia de experiencia, disciplina operacional, procesos de selección, meritocracia, capacitación permanente y aprendizaje acumulado. Una parte importante de ese patrimonio salió de Venezuela.

Hoy comenzamos a descubrir las consecuencias.

Mientras llegan nuevamente inversiones y equipos, aparece otro desafío: encontrar a las personas capaces de operarlos. Reportes recientes señalan que la recuperación petrolera venezolana enfrenta una escasez significativa de personal especializado. Ingenieros, soldadores, electricistas, operadores y otros trabajadores con experiencia son nuevamente requeridos, mientras muchas de las personas que poseen ese conocimiento construyeron hace años una nueva vida fuera del país. Eso contribuye a que la situación resulte incluso paradójica.

Las empresas de servicios están regresando, se anuncian nuevas inversiones y comienzan a llegar equipos de perforación, pero a mediados de octubre apenas dos taladros se encontraban activos. Las proyecciones indican que durante los próximos meses buena parte del esfuerzo deberá concentrarse primero en reparar, rehabilitar y reactivar instalaciones existentes antes de pensar en una expansión de gran escala.

También las refinerías muestran la dimensión del desafío. Años de mantenimiento insuficiente, deterioro de equipos y pérdida de capacidad operacional han dejado instalaciones que requerirán inversiones multimillonarias para recuperar plenamente su funcionamiento. Algunas estimaciones ubican la recuperación del sistema de refinación en al menos 20.000 millones de dólares.

Podemos comprar equipos, contratar empresas, conseguir financiamiento, reparar instalaciones e incluso volver a perforar miles de pozos, pero hay algo que no puede comprarse de la misma manera: la experiencia acumulada durante décadas de trabajo.

Hace algún tiempo escribí una frase que hoy, viendo lo que comienza a ocurrir en Venezuela, adquiere para mí un significado todavía mayor:

“La mayor riqueza de una nación no se encuentra bajo su tierra, sino en las personas capaces de transformar sus recursos en bienestar para todos.”

Porque el petróleo debajo del suelo representa una oportunidad, pero nunca ha sido suficiente para construir un país. Se necesitan personas capaces de encontrarlo, producirlo, transportarlo, transformarlo y convertirlo finalmente en desarrollo. Y allí aparece una conversación que Venezuela tendrá que afrontar con mucha serenidad.

¿Qué hacemos con todo el conocimiento venezolano que hoy se encuentra disperso por el mundo?

No creo que la respuesta consista simplemente en pedirles a quienes emigraron que regresen. Muchos tienen ahora veinte años más. Formaron familias, desarrollaron carreras, adquirieron nuevos conocimientos y construyeron proyectos de vida en otros países. Pretender que todos abandonen aquello que lograron construir para volver sería desconocer nuevamente su realidad, y recuperar el conocimiento no necesariamente significa recuperar físicamente a cada persona.

Venezuela podría crear mecanismos para incorporar esa experiencia mediante consultorías, programas de mentoría, transferencia tecnológica, capacitación de nuevas generaciones, proyectos temporales, participación remota, alianzas con universidades y empresas venezolanas creadas en el exterior, además de oportunidades de retorno para quienes libremente decidan hacerlo. Aquella diáspora profesional que durante años fue observada únicamente como una consecuencia de nuestra crisis podría convertirse también en uno de los activos más importantes para nuestra reconstrucción.

Porque muchos de aquellos profesionales no permanecieron detenidos en el tiempo. Trabajaron en Canadá, Estados Unidos, México, Colombia, Argentina, Brasil, Europa, Medio Oriente y otras regiones. Participaron en nuevas tecnologías, desarrollaron proyectos, crearon empresas y formaron a otros profesionales.

Venezuela no solamente perdió conocimiento cuando esas personas partieron.

El mundo multiplicó ese conocimiento mientras Venezuela permanecía sin él. Por eso, quizás el verdadero desafío no sea simplemente lograr que regresen, sino conseguir que vuelvan a sentirse parte de la construcción del país, y para lograrlo será necesario algo más que buenos salarios.

Será necesario recuperar confianza, reconocer el mérito, garantizar oportunidades basadas en capacidad y experiencia, reconstruir instituciones y respetar el trabajo. Esto nos lleva a un elemento prioritario: ofrecer seguridad jurídica y comprender que detrás de aquella enorme pérdida de capital humano existen historias personales que tampoco deberían ser ignoradas.

Aquí aparece una dimensión de la reconstrucción de la que hablamos mucho menos. Durante años hemos pensado que reconstruir Venezuela significaría recuperar carreteras, hospitales, universidades, empresas, refinerías, sistemas eléctricos e instituciones. Y, la verdad sea dicha, todo eso será indispensable. Pero reconstruir también significa reconocer.

Reconocer lo que ocurrió, comprender sus consecuencias y aprender de aquello que nunca debería volver a suceder. No para permanecer atrapados en el pasado, ni para dividir nuevamente a los venezolanos, y mucho menos para establecer quién sufrió más o quién tuvo razón hace más de dos décadas, sino, porque un país que pretende reconstruir una industria basada en conocimiento necesita comprender primero cómo perdió una parte tan importante de ese conocimiento.

Mientras escribía La memoria no prescribe, una de las ideas que más me acompañó fue precisamente esa: cuando las personas se marchan, no solamente viajan ellas... también viajan su experiencia, sus valores y el conocimiento que una nación tardó décadas en construir.

Cuando escribí aquellas páginas, estaba mirando nuestra historia, y hoy comienzo a comprender que también estaba mirando nuestro futuro, y reconocer el hecho de que Venezuela puede recuperar sus pozos, aumentar nuevamente su producción, atraer miles de millones de dólares de inversión y quizás algún día acercarse nuevamente a los niveles de producción que alcanzó en el pasado, y de verdad espero que lo consiga.

Ahora bien, si queremos reconstruir verdaderamente nuestra industria, tendremos que recuperar también el valor del conocimiento, de la meritocracia, del trabajo digno y de las personas que hicieron posible que aquella industria alguna vez fuese motivo de orgullo nacional.

La memoria no prescribe nació para preservar una parte de esa historia, pero nunca para quedarnos viviendo en ella. Nació porque comprender lo que ocurrió puede ayudarnos a evitar que volvamos a cometer los mismos errores cuando tengamos la oportunidad de comenzar nuevamente, y quizás Venezuela se encuentre precisamente frente a esa oportunidad.

Porque la maquinaria y los equipos pueden regresar, el capital puede regresar, los pozos pueden volver a producir... pero el conocimiento no regresa por decreto, y antes de preguntarnos cómo recuperarlo, quizás debamos preguntarnos qué necesita un país para volver a merecerlo.

"La memoria preserva la verdad. La justicia restituye la dignidad. La reconciliación hace posible el futuro."
La memoria no prescribe – agosto 2026

Gerardo Guerra Rincón

Abriendo camino...

Octubre 2026

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Memoria, conocimiento y reconstrucción

Si deseas profundizar en la historia que acompaña esta reflexión, puedes conocer La memoria no prescribe o consultar las fuentes utilizadas para verificar los datos de actualidad.

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